lunes, 30 de septiembre de 2013

[amro] ''Historia de las Indias'', Diego Durán, capítulo LXII

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

 

Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme

 

Fray Diego Duran

 

 

 

 

Capítulo LXVII

 

 

De cómo mandó Montezuma buscar la mayor piedra que se aliase para el sacrificio del desollamiento y de lo que en traella á México sucedió

 

 

Siempre fue Montezuma muy amigo de que sus cosas fuesen aventajadas y nombradas en todo el mundo, y todo lo que los demás reyes auian hecho, le parecía baladí y muy poco para lo que su magnánimo corazon aprehendía en cosas de grandeza y nombradía, y así, pareciéndole que la piedra que su agüelo auia puesto era chica y baladí, y que no era conforme á la grandeza de la solenidad y de la autoridad de México, y conforme á lo quel queria, mandó llamar á todos los señores de su consejo y trató con ellos de poner una piedra, la más ancha y espaciosa que en toda la prouincia se pudiese aliar, para la fiesta del desollamiento; para lo qual, auido el consejo y determinación, mandó llamar á todos las canteros de la ciudad de México y díxoles su voluntad, y que luego, por todas las partes y lugares de la prouincia donde se pudiese aliar, se pusiese gran diligencia y se buscase la mayor y más ancha piedra que uviese, de la qual se labrase rica y curiosamente la piedra llamada Temalacatl, que en nuestro romance quiere decir "piedra redonda," para el sacrificio del desollamiento de hombres, porque la que estaua allí no le contentaba.

 

Los canteros, oydo su mandado, se repartieron por todas las partes que supieron se podia aliar, y viniendoá la prouincia de Chalco, en un lugar que llaman Acúleo, que es hacia Tepolula, junto al rio que baxa de Amecamecan, hallaron en un cerrillo, del lugar nombrado, una piedra muy poderosa y apropiada para lo que su Rey queria y pretendía; la qual hallada, dieron noticia á su rey, el qual mandó se apercebiesen todos los de la prouincia de Xuchimilco y los de Cuitlauac y los de Ixtlapalapan y Cuiuacan y los de Mexicatzinco y Vitzilopochco, para que todos estos pueblos se juntasen, con todos sus aderezos de sogas y palancas, para traer la piedra; y avisados dónde auian de ir, Montezuma mandó prover á todos los canteros de la comida que para todo el tiempo que en traer la piedra gastasen, uviesen de comer, y así les fué proveído muy larga y es pléndidamente; los quales fueron al lugar donde la piedra estaba y empezáronla á descamar y á desasir de donde estaba asida, y auiéndola descarnado y puesto de manera que se podia sacar, fue Montezuma avisado para que mandase ir la gente, el qual lo mandó y acudió toda la más gente que se pudo llevar de los pueblos arriba dichos; los quales fueron con sus sogas y palancas y otros aderezos y instumentos para aquel menester, y para que en este negocio no faltase supesticion y ydolatría, mandó Montezuma que fuesen todos los sacerdotes del templo y llevasen sus encensarios y cantidad de papel y copal y muchas pelotillas de ulley y muchas codornices, y juntamente mandó fuesen los cantores de los templos para que baylasen y cantasen delante de la piedra, cuando viniese por el camino; que fuesen muchos chocarreros y representantes que viniesen haciendo entremés y chocanería y truhanerías delante la piedra y la festejasen y alegrasen, como á cosa divina que venia para ministerio divino.

 

Llegadoslos que auian de arrastrarlapiedra, que eran indios sin número, los sacerdotes se vistieron sus ropas sacerdotales y tomaron aquel papel que auian lleuado y cubrieron toda la piedra con él; encensáronla muchas veces á la redonda, haciendo grandes cerimonias y derramando sobre ella copal derretido y de aquel ulle, juntamente matando de aquellas codornices y denamando la sangre dellas sobre la piedra. Los cantores empegaron á cantar cantares placenteros y regocijados, y lostmanes y representantes sus entre meses y farsas, y hacer muchas truanerias que movían á risa y contento; y mientras esto se hacia, los xuchimilcas ataron una gruesa soga y larga á la piedra, y otra los de Cuitlauac y otra los de Mizquic y otra los de Cuiuacan y otra los de Iztapalapa y otra los de Mexicatzinco y otra los de Vitzilopochco, y la gente de cada pueblo animando, empezaron á tirar della con mucha voceria y alarido, que lo ponían en el cielo; donde después de auer porfiado mucho rato para querella anancar de su lugar, no haciendo movimiento ninguno, todas las sogas se cortaron y rompieron, como si fuera de muy tierno algodón.

 

Visto por los que tenian cargo de hacer lleuar aquella piedra, y por los canteros, mandaron dar noticia dello á Montezuma, el qual, como lo vio, envió á rogar al rey de Tezcuco le diese ayuda de gente para poder traer aquella piedra, el qual se la dio; y hechas otro dia las mesmas cerimonias por los sacerdotes, que el dia antes, tornaron á echar sogas nuevas todos los tezcucanos, con ellos, á la piedra; empegaron á la querer mover, y haciéndole gran violencia con las palancas y sogas la movieron y llegaron con ella á Tlapechuacan, y descansando allí, otro dia de mañana empegó la gente a tratar de su officio y á atar sogas y á tañer caracoles y bocinas, y los sacerdotes á hacer sus cerimonias, y los cantores á cantar y á matar muchas codornices, y empezaron á tirar de sus sogas, con mucho alarido, haciéndole toda la violencia que pudieron; y estuvieron dos dias, que no la pudieron menear de aquel lugar, y así dice la ystoria, que parecia aver echado raices muy hondas, que ni memoria hacia de quererse menear, con hacella toda la violencia posible tantos y tan numerables yndios, antes hacia pedazos las sogas muy gruesas; lo qual fué auisado á Monteguma, y mandó que llamasen toda la prouincia de la Cuauhtlalpa, que son los Otomites de toda aquella prouincia, los quales fueron luego, contodos sus aderezos de sogas y palancas, á ayudará los que porfiaban á traer la piedra, los quales llegados pusieron sus sogas, á vueltas de las demás, y empegaron á tirar dellas con mucho alarido y silbos, que los ponian en el cielo, y estando en esta porfía oyeron una voz que hablaua dentro de la piedra y decia:

 

"Miserable gente y pobre desventurada: ¿para qué porfías á me querer llevar á la ciudad de México? Mira que vuestro trauajo es en vano y yo no he de llegar, ni es mi voluntad; pero pues que tanto porfíays, estira que yo yré hasta donde á mí me pareciere, por vuestro mal"

 

y callando la voz, todos quedaron como atónitos y espantados de una cosa tan prodigiosa y nunca vista ni oyda: y tomando á por fiar á lleualla, la piedra se movió con tanta facilidad, que casi no sentían trabajo en llevalla, y así llegaron con ella aquella tarde á Tlapitzauayan, desde donde enviaron sus mensajeros á Montezuma, haciéndole saber el prodigioso caso sucedido, y de lo que la piedra auia dicho; el qual, como lo oyó, mandó echar en la cárcel á los mensajeros, teniéndolo por cosa de risa, y luego en aquella hora y punto despachó un principal á sauer de los que allá estauan, si el caso era verdadero; y satisfaciéndose el mensajero de la verdad, uino á Montezuma y díxole como el caso era así verdad, y que todos los que estauan en el traer de la piedra lo auian oydo.

 

Luego mandó soltar á los que tenia presos y envió á rogar al rey de Azcaputzalco le hiciese merced de ayudalle con su gente á traer aquella piedra, los quales llegados y haciendo sus sogas y artificios, empezaron todos á querer arrastrar la piedra, y no se meneando ni haciendo mención dello, tomaron á oyr una voz que salía de la piedra que decia:

 

"pobres desventurados: ¿para qué trauajais en vano? ¿no os e dicho que no e de llegar á México?; anda, yd y decilde á Montezuma que ya no es tiempo; que acordó tarde, que más temprano auia de acordar á traerme; que ya no soy menester allá, porque ya está determinada otra cosa, la qual es diuina voluntad y determinación: que no quiera el hacer contra ella: que ¿para qué me lleva?; para que mañana esté caida y menospreciada por ahí; y auisalde, que ya se le acaua su mando y oficio: que presto lo verá, y esperimentará lo que a de venir sobre él, á causa de que se a querido hacer mas quel mesmo Dios, que tiene determinadas estas cosas: y así, dexáme, porque si paso adelante será porvuestro mal."

 

De todo lo dicho fué auisado Montezuma, el qual, no dando crédito aunque algotemeroso, se mostró muy ayrado y enojado contra los mensajeros, y amenazándolos los mandó volver y que traxesen la piedra, y se cumpliese su mandato. La gente tomó á estirar de sus cuerdas y la piedra se mouió con tanta facilidad, que parecía que veinte yndios la traxeran, según la velocidad con que venia, y llegaron aquel dia á un lugar que se dice Techico, que esjunto á Ixtapalapan, y otro dia de mañana tornaron á su exercicio, mouiéndose la piedra sin ninguna pesadumbre de los que la trayan con tanto contento de cantos y bayles, con sonido de bocinas y caracoles y con tantos dichos y representaciones; y con tantos encienzos y sacrificios, como los sacerdotes les venian haciendo, llegó á un lugar que se dice Atozititlan, el qual lugar es donde agora está la cruz primera, luego que salimos de México, la qual como

llegó allí fué avisado Montezuma, y mandó á todos los de la ciudad la saliesen á recebir con muchas rosas y saumerios y la adornasen de ellas y la festejasen todo lo que pudiesen; lo qual fué hecho con toda la diligencia posible y con todo el aplauso y solenidad que á alguna cosa diuina se pudiera hacer.

 

Tornándole á referir los canteros y principales lo que la piedra auia dicho, y el mal pronóstico que les auia anunciado, y como les auia dicho que no auia de llegar a México, Monteguma, como hombre porfiado á salir con su interés, mandando que de nuevo la festejasen y le ofreciesen grandes sacrificios y ofrendas, y que con aquello le aplacasen la yra que tenia, si de algo estaba enojada, donde después de aqella festejado y hecho sobrella grandes sacrificios, mandó la llegasen á la ciudad, y estirando de ella se movió con mucha velocidad y llegó hasta la acequia de San Antón, que agora es, y llegada allí, Montezuma mandó poner muchas vigas y hacer una recia puente, por donde pasase á la otra parte; la qual hecha, porfiaron á la meter por la puente y llegada que fué á la mitad de la puente, con grandísimo estruendo y estallido quebró todas las vigas della y calló en la acequia, que entonces dicen era muy hondable, y llevó tras sí mucho número de yndios que estauan asidos de las sogas, y á todos los aogó y mató y á otros lastimó, muy mal lastimados y lisiados.

 

Visto esto por los señores, quedando todos muy espantados, y que lo que la piedra auia dicho, que no auia de llegar á México auia salido verdadero, dieron dello auiso á Montezuma, el qual uino luego, con todos sus grandes, al lugar donde la piedra auia caydo, y visto el destrozo que auia hecho y daño, con muerte de tantos yndios, mandó que luego le buscasen todos los buzos que uviese en la prouincia de Xuchimilco y Cuitlauac y en Mizquic, los quales

luego fueron buscados y traidos ante él, y mandóles que, sin ninguna dilación, entrasen en el agua y buscasen en qué lugar auia hecho asiento, porque queria ver si estaua en lugar que se pudiese sacar, todo por interés de salir con su intento y voluntad. Los buzos entraron al agua y buscando por todas partes la piedra, y deteniéndose en buscalla, desde medio dia hasta la noche cerrada, desconfiados de podella aliar, vinieron á Montezuma y dixéronle, como ellos en toda acequia no la auian aliado, ni en el fondo del agua; que mandase por otra via buscalla, porque ellos no hallaban rastro en el agua y en el fondo della; que no auia parado allí, sino que se auia ydo, y que por ventura se auia vuelto á su lugar, pues ella mesma auia dicho uenia contra su voluntad. Montezuma, pareciéndole ser cosa posible, mandó ir al lugar donde la piedra solía estar, y de donde la auian arrancado, y alláronla los mensajeros en el mesmo lugar que solia, toda cubierta de papel y llena de aquellos sacrificios que sobre ella auian hecho, y llena de sogas, á la mesma manera que auia caydo.

 

Los mensajeros, admirados y espantados, voluieron con gran priesa á México y dieron noticia de aquella admirable y espantable cosa á Montezuma, el qual desque lo oyó, cobrando grandísimo te mor y admiración, el mesmo en persona, con todos los grandes y señores de su corte, salió de México y fué á ver la piedra, delante la qual dicen que higo grandes sacrificios y ofrendas y grandes ora ciones y sacrificó algunos esclavos delante della; lo qual hecho voluióse á México y dixo á sus principales: "Verdaderamente, hermanos mios, que agora creo que nuestros trabajos y aflictiones an de ser muchos y que nuestra vida es ya poca; y así yo determino dexarme morir, de mí, como mis antepasados, y haga el Señor de lo criado lo que fuere servido".

 

Y llamando á los canteros mandó le labrasen su estatua en el lugar de Chapultepec, donde estauan esculpidas las de sus antepasados, y así fué esculpido en una peña de aquel ceno con las insignias y armas quel solía traer; de lo qual siendo avisado, fué á ver su estatua y luego que la vio empegó á llorar y á decir: "Si nuestros cuerpos fueran tan durables en esta vida y tan perpetuos, como lo será esta efigie pintada en esta peña, la qual a de durar para siempre, ¿quién temiera la muerte?; pero bien veo que yo me e de morir y solo esta memoria a de quedar de mí"; por lo qual voluiéndose á los canteros, lesdio lasgracias ymandó les diesen la pa ga de sutrauajo, á los quales les dieron muchas cargas de maiz y frijol y chile, mantas y camisas para sus mugeres y hijos; diéronles cargas de cacao algunas, para que repartiesen entre sí, y á cada uno un esclavo que le sirviese, con lo qual ¡os canteros quedaron muy contentos y bien pagados, así del un travajo de querer traer la piedra, como del travajo de haber esculpido la effígie del rey Montezuma.

 

Luego que Montezuma volvió á su casa, sentado con sus principales y señores, les empezó á declarar lo que Nezaualpilli, el rey de Tezcuco, le auia dicho, el mal pronóstico que le auia anunciado y lo que sobre la cometa le auia declarado; y viendo lo que de la piedra auia acontecido y dicho, empezó ante ellos á llorar amargamente, y ellos juntamente con él; y queriéndole consolar aquellos grandes que con él estaban, les dixo:

 

"Hermanos mios, ¿cómo puedo yo consolarme, pues me veo cercado de tantas angustias y sobresaltos?, ¿soy yo por ventura más que Nazaualpilli, que era profeta y sabia las cosas por venir y las declaraba, y en fin, con toda su ciencia se murió?, ¿soy yo más que mi deudo y pariente muy cercano, el gran Tezumpantecutli, señor de Cuitlauac, que también tenia sus profecías y sabia en el caso seiscientas y diez ciencias, las quales declaraba con grandísima facilidad? También veo que se murió: ¿pues qué será de mí, que soy ignorante y sin ciencia ninguna? ¿cómo me podré evadir de la calamidad y mal que espero?"

 

Los señores lec onsolaron lo mejor que pudieron, diciéndole esperase en el Señor de las alturas y de los dioses, cuya silla y asiento poseya, y cuyo señorío tenia y regia, aquellos le favorecerían, con lo qual quedó algo consolado, aunquel consuelo le duró muy poco, como se verá en los capítulos de adelante. Los señores se despidieron del y se fueron á sus casas.

 

 

 

 

Fuente:

 

http://histomesoamericana.files.wordpress.com/2013/02/fray-diego-durc3a1n-historia-de-las-indias-de-nueva-espac3b1a-presagios.pdf


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